
1912
Tenerife, los secretos del Barranco de Badajoz
En el Barranco de Badajoz, quien desaparece, tarde o temprano, vuelve. El problema es cuándo.
Noche de San Juan, Tenerife. El valle arde de hogueras y la sargento Marta Perdomo sube al barranco con dos cafés: uno para ella y otro para una amiga que falta desde hace veintisiete años. En la boca de la galería vieja la espera un hombre agonizante. Lleva monedas de 1957 y un reloj parado a las 3:17. Desapareció en 1958, y no envejeció ni un día.
Tres días después, una muchacha descalza baja del barranco y pregunta por Marta. Es Idaira, su mejor amiga, desaparecida la noche de San Juan de 1999. Todavía tiene diecisiete años. Cree que solo estuvo fuera una hora. Y en la muñeca lleva la marca de cuatro dedos.
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Desde esa noche la montaña no deja de devolver personas. Alguien las espera en el umbral. Y las cuenta. Para entender, Marta tendrá que confiar en un geofísico, una investigadora alemana y un viejo cerero que guarda un libro cerrado desde hace cinco siglos. Y enfrentarse a una pregunta: si la puerta vuelve a abrirse, ¿quién tiene que volver a entrar?
El Barranco de Badajoz existe. Sus leyendas están documentadas. La ciencia de esta novela es real. La puerta, no. Quizás.
Si encuentran una vela que no consume la cera, no la apaguen. Alguien la contó.
